El cuerpo como raíz de nuestros vínculos
Esta teoría desarrollada por Stephen Porges, nos invita a mirar los vínculos desde una perspectiva inesperada: la fisiología del sistema nervioso. Nos recuerda que antes de conectar con la mente de la otra persona, nuestro cuerpo necesita sentirse seguro.
CLAVE -> No podemos vincularlos si nos encontramos en estado de amenaza, ya que nuestro sistema nervioso opera en los tres siguientes grandes modos:
Modo de conexión social (estado ideal para los vínculos)
En este modo el cuerpo se siente a salvo, con el corazón latiendo de manera calmada, la mirada se vuelve suave y la voz se vuelve cálida, apareciendo así la curiosidad, la empatía y la cooperación.
En este estado se nos permite escuchar sin defendernos, confiar en el otro, sentir ternura, reírnos, aprender y crear, es decir, donde surgen los vínculos profundos.
Modo de lucha o huida
En este momento estamos alerta: el cuerpo cree que debe protegerse. Este estado no es voluntario, se activa de forma automática, apareciendo la irritabilidad, la hipervígilancia, la tensión muscular, la dificultad para escuchar o conectar.
Cuando nos encontramos en este punto, crear el vínculo se convierte en una tarea muy complicada, no porque no queremos, si no porque nuestro cuerpo siempre va a priorizar nuestra supervivencia.
Modo de colapso
Se produce cuando el sistema nervioso se ha saturado tanto que se apaga para poder protegerse, sintiendo apatía, desconexión, bloqueo y vacío.
En este estado, el vínculo es imposible, ya que la persona esta completamente desconectada del entorno incluso de sí misma.
Según esta teoría, la capacidad de vincularnos depende en gran parte del nervio vago central, que activa este modo de la conexión social, ya que responde muchas veces a sutiles señales de seguridad, como un tono de voz amable, un gesto cálido, un ritmo corporal tranquilo, una postura abierta, una mirada que no invade ni evita y una presencia coherente.
Cuando interpretamos elementos como estos, nuestro cuerpo interpreta que estamos a salvo aquí y es entonces cuando podemos abrirnos al otro.
Este punto es fundamental para poder hablar de vínculos y explicar que las relaciones no fallan por falta de voluntad, sino por falta de seguridad, por lo tanto un niño que se desregula no es qué se este "portando mal", su cuerpo está intentando sobrevivir a esa situación que para él es demasiado. Al igual que un adulto cuando se cierra, no esta rechazando la situación, si no que se siente sobrecargado y huye para protegerse.
Como hemos visto en todas las teorías presentadas en el blog, todo parte de nosotros, de nuestra seguridad y confianza, sobre todo en nosotros mismos. Nunca podremos controlar al resto, y si sentimos que lo hacemos, solo esta en nuestra cabeza, pero no es real. Nos aferramos a esa idea de control, cuando de esa manera solo estamos perdiendo el control sobre nosotrxs mismxs y estamos poniendo el foco fuera de nosotrxs dejando que el exterior nos acabe controlando, en nuestra manera de actuar y de relacionarnos. Es fácil de entender, pero complicado de aplicar, por lo tanto primero comencemos por asimilar y aceptar la situación y a continuación empezaremos a utilizar herramientas y pautas para comenzar a trabajar en ello.