Nuestros primeros vínculos comienzan en la infancia, con nuestra familia o con aquellas personas con las que sentimos apoyo o seguridad, pero esos vínculos pueden ser muy distintos dependiendo del contexto en el que nos encontremos. Son los que van a marcar la manera en como nos sentiremos con nosotros mismos y como crearemos nuevos vínculos a lo largo de nuestra vida.
Ya sabemos que lo correcto es el apego seguro, es el ideal para que las personas crezcan sin cargas emocionales respecto a los vínculos. En este caso, aunque algunas estimaciones señalan que muchas personas desarrollan un apego seguro, un meta-análisis reciente que revisa 285 estudios con más de 20.000 díadas (cuidador-infante) en diversos países, estima que el estilo de apego seguro se produce en un 51,6% de los casos (Cadman et al., 2023).
Pero, ¿qué hacemos cuando no formamos parte de ese 51,6%?
Sabemos muy bien las características de los estilos de apego, pero visualicemos el momento en el que tengamos hijos, o bueno a lo mejor los tenéis ya o simplemente no queréis tener hijos, en cualquier caso, ¿qué hacer para que desarrollen un apego seguro?, ¿cómo transformamos el resto de estilos de apego en un apego seguro? Y si nosotros mismos hemos desarrollado un estilo de apego distinto al seguro, ¿cómo podemos cambiar la manera en la que establecemos vínculos con los demás?
Comencemos por el principio, lo que va a determinar el tipo de apego que tú inculcarás, es el estilo de apego que tu recibiste en la infancia, es decir, el que recibieron tus padres, tus abuelos, tus tatarabuelos...
Es un bucle donde se da lo que se recibe, si no curas tus propias heridas. Seguramente tus padres no lo hicieron y tus abuelos tampoco, por lo tanto se va "arrastrando" y pasando al siguiente, aquello que da miedo asimilar y a su vez trabajar. Es cierto que es más sencillo no hacer nada y no cambiar conductas deterioradas, pero es un acto irresponsable hacia tu descendencia, ellxs no son responsables, igual que tú tampoco, pero sí eres responsable de cambiarlo y mejorar por ellxs.
Primero podemos intentar identificarnos con alguno de los siguientes estilos de apego, que en muchos casos las personas integran varios de ellos . (Si te identificas con el apego seguro, no es necesario que apliques los contenidos siguientes).
Apego seguro
Confiabas en que tu figura de apoyo estuviese siempre disponible para ti y te sentias libre de poder explorar el entorno, por que sabías que al volver siempre ibas a recibir consuelo. Si hacías algo mal, rompías algo o empujabas a alguien, tu figura de apoyo te corregía, pero desde la calma. Te explicaban qué había pasado, te ayudaban a entenderlo, no te hacían sentir culpable y no invalidaban tus emociones, simplemente estabas aprendiendo.
Apego evitativo
Asimilaste que tu solo podías hacerlo, sin esperar que nadie estuviese esperando a tu regreso. Si contabas algo que te preocupaba la respuesta solía ser breve o distante: "No lo des importancia", "Eso se pasa", "Tienes que ser fuerte", en vez de guiarte para que entendieses como te sentías, así que aprendiste a apagar tus sentimientos hacia los demás, que es mejor no necesitar de los demás, que tus emociones podrían convertirse en un problema, ya que al exponerlas recibías rechazo y te sentías más seguro si no necesitabas a los demás.
¿Cómo identificar que estás ejerciendo un apego evitativo?
Este apego no suele identificarse a simple vista porque muchas de sus señales parecen "normalidad", "indepencia" o incluso "fuerza emocional". Sin embargo, cuando miramos más de cerca, se puede observar que todo es una "coraza de protección" para la persona.
1. Te cuesta mostrar emociones y prefieres no hablar de lo que sientes.
Has aprendido a ocultarlas porque mostrar vulnerabilidad te genera incomodidad, vergüenza o sensación de riesgo.
2. Sueles mantener distancia cuando hay conflicto, te saturas ante muestras de cariño, necesitas "espacio" de manera abrupta y evitas conversaciones que puede profundizar en tus emociones.
3. Te molesta o te agota que las personas dependan emocionalmente de ti, ya que no toleras muy bien las demandas afectivas de los demás y te abruma que alguien necesite más de lo que estás acostrumbradx a dar.
4. Te sientes más segurx que acompañx
Este síntoma es una señal clásica de este tipo de apego: prefieres resolverlo todo solx, no pides ayuda y te incomoda recibir cuidados de los demás.
5. Saboteas relaciones cuando empiezan a volverse íntimas, te sientes indadidx o sientes una perdida de libertad, y buscas inconscientemente excusas para alejarte.
6. Te cuesta identificar tus propias necesidades emocionales, no sabes como nombrarlas o te parecen "exageradas" o "poco importantes".
7. Te conectas mucho mejor con tu mente que con tu cuerpo, sueles racionalizar, justificar, minimizar y pensar en vez de sentir, lo que a veces provoca que tu cuerpo se tense o se bloquee ante la intimidad emocional.
8. Tiendes a sentirte incómoda o "fuera de lugar" en relaciones afectivas muy expresivas. No sabes bien qué hacer cuando alguien llora, muestra cariño o te pide conexión emocional.
Cómo tomar conciencia de que necesitas cambiarlo
El cambio empieza cuando reconoces que este estilo, aunque te protegía en el pasado, está afectando tus relaciones actuales. Aquí te dejo una serie de formas prácticas y directas para poder entender mejor el problema:
1. Pregúntate: "¿Evitas abrirte porque no quieres o porque tienes miedo?", a veces la mayoría de personas descubren que es miedo a acabar herido, rechazadx o juzgadx, no por falta de ganas.
2. Observa cómo se sienten los demás contigo, si te comentan que eres distante, que cuesta llegar a ti, que parece que nada te afecta o que desapareces cuando hay conflictos, observa si es cierto y realmente actual así y porque puede ser.
3. Fíjate en los momentos en los que huyes emocionalmente, fue un abrazo, una conversación en la que podían aparecer tus emociones o una persona que intento acercarse más a ti. Para poder empezar a cambiar es muy importante detectar ese aspecto en concreto, ¿Cuando huyes emocionalmente?
4. Reconoce el coste real en tu vida: ¿Me siento solx?, ¿Me cuesta mantener relaciones estables?, ¿Evito recibir cariño?, ¿En el fondo sí quiero recibir este cariño?, ¿Me gustaría poder confiar más en los demás?
5. Acepta que la independencia no está reñida con el vínculo. Los vínculos afectivos no restan libertad, es más, la amplían. Cuando seas consciente de que sin los vínculos afectivos, vives en una prisión, comenzará el verdadero cambio.
6. Esta situación es solo una adaptación aprendida para sobrevivir emocionalmente, que puede desaprenderse y reemplazarse cuando se este preparadx.
Apego ansioso/ambibalente
Creciste con una figura de apego que si estaba, pero no siempre. A veces se comportaba de manera cariñosa y atenta, sin embargo, en otras ocasiones era completamente lo contrario; estaba irritable o emocionalmente ausente, por lo tanto nunca sabias qué reacción ibas a recibir, lo que te generaba mucha confusión y por lo tanto inseguridad desmedida. Esa inconsistencia te enseño a mantenerte 24/7 alerta. Siempre necesitabas estar muy pendiente de las señales que mostrara la otra persona para anticipar su reacción y sentirte seguro y por lo tanto, creíste que para estar "a la altura" debías de ser perfectx para que el cariño nunca desapareciese, incluso aprendiste a buscar cercanía de forma intensa, a veces desesperada, y a temer profundamente que te abandonaran o que se olvidaran de ti, pero todo ello es una técnica de supervivencia a lo que tuviste que experimentar.
Esta situación se puede convertir en un patrón si no se es consciente de ello y si no se trabaja de manera correcta, por ello comencemos identificando si se esta ejerciendo un apego ansioso por tu parte.
1. Necesitas mucha seguridad emocional
Sueles dudar y por lo tanto preguntar, sobre los sentimientos que tienen los demás hacia ti, si están bien contigo o si "va todo bien", sin haber indicios de enfado o conflicto por parte de la otra persona.
2. Te preocupas excesivamente por los vínculos
Sientes que si no estás presente, atento o disponible, la otra persona puede dejar de quererte y por lo tanto abandonarte, por ello sientes que debes de dar siempre lo máximo a los demás y así nunca se irán de tu lado, aunque a veces no puedas dar el máximo.
3. Tienes miedo intenso al abandono
Cuando observas pequeños cambios en el tono de voz de la persona, la sientes distante o no esta disponible para ti, te genera miedo y en ocasiones ansiedad, por miedo a que sea algo definitivo.
4. Estas en constante búsqueda de cercanía física y emocional.
Si la otra persona necesita espacio, lo interpretas como un rechazo personal hacia ti.
5. Confundes la intensidad emocional con el amor.
Crees que si algo no te remueve profundamente, no es real y por lo tanto para ti no es amor.
6. La inseguridad te aparece cuando la relación se estabiliza.
El bienestar y la calma te resultan "extraños", y a veces inicias discusiones para confirmar que la persona te quiere y asi mantenerte seguro.
7. Te cuesta estar bien contigo mismx.
Necesitas del resto de personas para sentirte validada, vista y valorada.
8. Te vuelves muy autocríticx en relaciones que son importantes para ti, como tu lo eres contigo mismx.
Piensas que tienes que "merecerte" el cariño o "no molestar" para no perderlo.
¿Cómo tomar conciencia de que necesitas cambiar este patrón?
1. Pregúntate: “¿Estoy buscando el amor?" "¿Es realmente amor o necesidad de sentirme queridx, para sentirme segurx?
A veces no es amor, sino inseguridad.
2. Observa si tus relaciones tienen ciclos repetitivos
Idealización → Ansiedad cuando esta todo tranquilo → Búsqueda intensa de afecto → Conflicto → Reconciliación.
Si se repite, es un patrón, no una coincidencia.
3. Fíjate en lo que sientes cuando el otro se aleja un poco y esta cierto tiempo distante.
4. Reconoce el coste real en tu bienestar
¿Te sientes agotado mentalmente de manera frecuente? ¿Qué sientes si no tienes tus vínculos bajo control? ¿Qué sientes si tu amigx esta sin hablar contigo 1 mes? ¿Y cómo actúas?
5.Comprende que la calma no es falta de amor, es síntoma de que todo va bien, que puedes estar tranquilx y disfrutar de ella. Si en esa calma reside tu miedo, tu sistema nervioso nunca para y por lo tanto tu nunca te conformaras con nada.
6. Recuerda que tus necesidades emocionales son lo importante para sentirte segurx, por lo tanto nunca son demasiado y si no se expresan nunca se cubren.
Solo aprendiste a pedir afecto desde el miedo, no desde la seguridad.
Apego desorganizado
Tu figura de apego te demostró, de manera simultanea, que era tu fuente de amor, pero también de miedo, te cuidaba, pero también, podía asustarte, ignorarte, enfadarse sin motivo, desbordarse emocionalmente o reaccionar de formas muy impredecibles. En tu ambiente familiar había gritos, amenazas o castigos desproporcionados, caos emocional, adultos inestables, miedo, tensión o impervisibilidad, violencia física o psicológica, consumo problemático, o simplemente un mundo demasiado intenso para una mente infantil. Tu cerebro no encontraba una estrategia que fuese segura para poder relacionarse, porque la misma persona que debía calmarte también podía dañarte o desbordarte. Así aprendiste a desconectarte de tus emociones, a sobrevivir como podías, a reacciónar con impulsividad o a huir internamente cuando algo era demasiado para ti, así no sentir y no tener que sufrir.
Este es uno de los apegos más difíciles de identificar en uno mismo, ya que la persona posee una base respecto a los vínculos que es desorbitada.
¿Cómo identificar que estás ejerciendo un apego desorganizado?
1. Oscilas entre la necesidad de alguien y el miedo a que se acerquen.
Quieres conectar, pero cuando ocurre, te bloqueas, te enfadas, te alejas o te sientes en peligro, sientes que algo no va bien, pero no sabes que ocurre y porque no eres capaz de lanzarte.
2. Tus reacciones emocionales pueden ser intensas y difíciles de regular.
Pasas rápido de la calma a la explosión, o del cariño al rechazo, están caracterizadas por los impulsos.
3. Te cuesta confiar en la estabilidad del otro.
Siempre esperas que algo malo ocurra, incluso sin motivo, estas en modo supervivencia ante cualquier situación de peligro.
4. Tienes dificultades para gestionar conflictos.
Puedes huir, congelarte, reaccionar de forma impulsiva o quedarte sin palabras.
5. Te desconectas emocionalmente ante situaciones intensas.
Sientes una especie de “apagón interno”, como si fuese un bloqueo emocional, pero su duración es respectiva a la situación intensa, hay una especie de vacío al entablar tus emociones y huyes de esa incomodidad.
6. La intimidad emocional puede hacerte sentir expuestx o vulnerable.
Incluso con personas que quieres, te sientes más pequeñx o inferior cuando hablas de tus emociones más íntimas, te hacen sentir completamente extrañx y fuera de ti.
7. Puedes tener recuerdos confusos de tu infancia.
No hay una narrativa clara porque tu mente tuvo que fragmentar para protegerte, sobre todo en situaciones que para ti eran un completo shock, tuviste que protegerte y tu cabeza lo hizo por ti.
8. Tiendes a pensar que eres “demasiado” o “no suficiente”
Vives desde una mezcla de vergüenza, autocastigo y miedo, es una situación muy complicada y confusa, pero este apego en concreto solo lo entenderán completamente aquellas personas que lo haya sufrido y se sientan identificados.
¿Cómo tomar conciencia de que necesitas cambiar este patrón?
1. Reconoce que tus reacciones intensas tienen un origen.
No son “tu carácter”: son estrategias de supervivencia infantil y por lo tanto no forman parte de ti, solo te estabas protegiendo porque nadie fue capaz de hacerlo por ti, eres fuerte pero no consciente de ello.
2. Observa si tus relaciones son un ciclo de acercamiento–huida.
Si buscas cariño pero te alejas cuando lo recibes, hay una herida ahí, que evidentemente te da miedo curar y es normal.
3. Es importante empezar por lo mas cotidiano: tus detonantes emocionales, que te genera un alto estado de alarma: ¿Te asusta el cambio en el tono de voz? ¿El cambio de cara del otro? ¿Un gesto? ¿Sentirte presionadx?
4. Los detonantes suelen ser restos del pasado.
Pregúntate: “¿Mi reacción es ante un miedo actual o que aprendí en el pasado?”
5. Diferenciar esto genera enormes avances, no te presiones, debes de asimilar muchas cosas.
Es muy importante comprender que tienes que comenzar a calmar el caos emocional, creciste en él, pero no tiene porque acompañarte siempre, podrás pararlo cuando asimiles la situación y te sientas capaz para comenzar, tomate el tiempo necesario.
6. Recuerda que no tienes que hacerlo solx, podrás cerrar heridas con relaciones estables, lentas y amables y podrás empezar a sanar.